“El cielo y la nada” de nuevo en “Quimera”

“Quero posee la habilidad de generar imágenes duraderas, instantáneas perdurables. Logra construir una realidad que se entreteje y que, al enlazarse, busca nuevos asideros para volverse inmensa, inabarcable. Sólo nos bastaría con leer poemas tan memorables como ‘Las horas del día’ para comprender que estamos ante un autor poderoso, sugerente. Un digno ganador del último premio Tiflos de poesía.”

Si el número de octubre de la revista Quimera traía una estupenda crítica de El cielo y la nada; el de noviembre, dentro de las recomendaciones de la redacción, vuelve a apostar por el libro con una estupenda reseña.

Entrevista y poema en la revista “Librújula”

El número de noviembre-diciembre de la revista Librújula contiene un poema de un servidor y mis respuestas al cuestionario poético de Enrique Villagrasa.

Os comparto dicho poema: “Ciudad sumergida” de El cielo y la nada. El resto de contenidos, en sus mejores librerías.


Al atardecer contemplamos juntos el mar,
un barco de galeotes griegos,
una vieja galera que zarpa hacia las Cruzadas,
y enraizamos los pies en el agua
como si nos hubieran arrancado al nacer
y sólo ahora fuéramos completos.

Un diminuto cangrejo cruza azorado la toalla.
Ella se desprende coqueta del bikini.

Porque este mar un día nos tragará a nosotros
y ésta será también una ciudad sumergida
y vendrán otros, mucho tiempo después,
a contemplar una vez más la puesta
y a sumergir temblando, por un instante,
los cuerpos y el tiempo en la orilla.

(Ciudad sumergida)

“En cielo y la nada” en la revista “Quimera”

El número de octubre de la revista literaria Quimera esconde en su interior una atenta y afectuosa crítica de El cielo y la nada a cargo del poeta Xavier Rodríguez Ruera:

“Hay poemarios, herméticos como ataúdes, que obedecen a una especie de secreto código metapoético o personal. Y poemarios como El cielo y la nada, de Toni Quero (Sabadell, 1978), reciente ganador del XXXII Premio Tiflos de Poesía, que nos hablan porque son como pequeños teatros portatiles, y sus poemas parecen explosionar lejanamente, pero dejando en los labios el acre regusto de la pólvora.”

“La poesía francesa, la narratividad, el peculiar distanciamiento en el idioma propiciado por el pleno bilingüismo del autor, es apreciable en su poética y constituye, junto con referencias generacionales y los guiños a las vanguardias, el sustrato en que se desarrollan sus poemas.”

 

“El cielo y la nada” en “Babelia”

Bueno, bueno, bueno, hoy El cielo y la nada sale en suplemento Babelia del diario El País con una estupenda reseña de Manuel Rico. Muchas gracias.

“En ese panorama, encontramos propuestas arriesgadas, que apuestan por una poesía de la complejidad que no renuncie a las conquistas de la vanguardia sin quebrar el pulso realista. Toni Quero (Sabadell, 1978) pone esa apuesta de relieve en su segundo libro de poemas, con el que ganó el último Premio Tiflos. Es un libro poliédrico, hasta cierto punto denso, que tiene mucho de lugar de encuentro: la memoria personal y la memoria compartida (¿la generación del 15-M?), la cultura como soporte de una experiencia emocional y la realidad vivida como lugar de la conciencia, el amor y el desamor, las ciudades remotas y viajadas y la ciudad de origen (“es una herida abierta en el costado, el último rescoldo de mi infancia y un pedazo de tierra que ya no puede contenerme”). Ese lugar de encuentro de cultura y vida lo es también de fórmulas retóricas. Combina el verso largo con la prosa poética y con el verso más convencional (siempre libre o blanco), del mismo modo que hace convivir en el libro una estética compleja, entre el culturalismo (recuerda a los más templados novísimos) y la experimentación imaginativa con el tono conversacional, y el pulso más realista y directo.”

Podéis leer la reseña completa aquí:
https://elpais.com/cultura/2019/09/24/babelia/1569333599_731728.html

Babelia.jpg

Daniel Johnston y “Fuegos fatuos”

¿No echáis de menos el mundo analógico? Escribí “Fuegos fatuos” a modo de retrato generacional de todos aquellos que fuimos adolescentes en los noventa. Alberti en Cal y canto tiene un verso demoledor que utilizo como lema en el poema: “Yo nací —respetadme— con el cine”. Ahora bien, los clásicos están para dialogar con ellos y he tratado de remedarlo para hablar, entre otras cosas, de los ordenadores de ocho bits y de las raves de la época: “Respetadme, fui un adolescente en los noventa, / nuestra religión era la música, / acampábamos en el margen de un río / y bailábamos como fuegos fatuos hasta el alba.”. Y sí, aunque pueda parecer una boutade, creo que no lo es tanto, pues el salto que ha supuesto el cambio de un mundo analógico a uno digital es mucho más salvaje que el que supuso la aparición del cine.

Pero si os traigo estos versos aquí es porque no hay nada que me haga más feliz que comprobar que mis textos cobran vida propia. Este poema fue también la base de un relato que publicó la revista Tales y que luego fue traducido al francés y publicado por la revista de Quebec Nuit blanche. Y hace poco, Carlos Robles Lucena en un espléndido artículo sobre Daniel Johnston en Letra Global citaba los versos de arriba para hablar de los noventa y del ecléctico mundo musical de entonces. Por cierto, el poema tiene un segundo lema, “Now you do what they told ya”, fragmento de “Killing in the name” de los Rage Against the Machine, pero esa historia os la contaré otro día.

https://cronicaglobal.elespanol.com/letra-global/cronicas/daniel-johnston-herida-luminosa_275598_102.html

Os dejo “Fuegos fatuos” a continuación.


Yo nací —¡respetadme!— con el cine.
Rafael Alberti

.

Now you do what they told ya
RATM

.
Respetadme,
fui un adolescente en los noventa,
nuestra religión era la música,
acampábamos en el margen de un río
y bailábamos como fuegos fatuos hasta el alba.

Ellas
vestían jerséis anchos,
ocultaban los puños en el interior de sus mangas
y se zarandeaban como sauces al viento:
sólo si estuviste ahí sabrás que algunas eran tan hermosas
que tu corazón doblaba sin consuelo durante horas.

Aún
percibo el flamear de sus crines
y cómo aullábamos sedientos en la orilla,
pero ese mundo ya no existe,
confié mis recuerdos a robustas carcasas
y frágiles memorias de ocho bits
que han evaporado buena parte de ellos.

Nos
bañábamos entre carrizos y espigas,
los caños manaban torrenciales
y hundíamos los tobillos en el fango.
Sé que en el futuro nos tributarán honores de Estado
como al último soldado vivo de las Ardenas
o a los actores centenarios del cine mudo.

¿Recuerdas?
Nos desorientamos,
el ruido se tornó ensordecedor,
la droga cabía en la yema de tus dedos
y nos conectaron unos a otros
como en una baliza interminable.
Entonces comencé a escribir
y a cuestionar las normas,
las calles ardían por cualquier motivo
y ellas se alejaron irremediablemente hacia la nada.

Aman,
hoy, sus pequeñas vidas, sencillas, ordenadas,
los arroyos son grises y estancados,
¿quién querría volver a sumergirse en ellos?
Pero a veces la música nos salva,
tararean una melodía
y se balancean suavemente
como el brote de una espiga
prolongándose hacia la luz.
Algunos aceptamos la derrota,
sigo sin hacer lo que me dicen
ni escribir como debiera,
pero no voy a cambiar ahora.

(Fuegos fatuos)

“El cielo y la nada” en el programa de televisión “Página Dos”

El equipo del programa de televisión “Página Dos” ha confiado en mí para animar el entreacto de la entrevista a la gran Deborah Levy con un poema de El cielo y la nada.

El poema elegido es “No lugar”. Podéis verlo en el siguiente enlace y leerlo debajo. A partir del minuto 17:55.
http://www.rtve.es/alacarta/videos/pagina-dos/pagina-dos-deborah-levy/5385151/

Captura Página Dos


Os voy a contar un secreto:
a menudo padezco insomnio,
imagino playas solitarias,
organizo mis rebaños
y me volteo de un lugar a otro
sobre muescas de anteriores vidas.
Sí, ya sé…

Después conduzco de madrugada
hacia estaciones de servicio.
Las elijo con grandes lunas
y trazo líneas paralelas
con la exposición prolongada
de la retina sobre los faros.

No es necesario pedir café.
Las camareras reconocen
a los pasajeros perdidos
y saben reconfortar el sueño
elevando dulcemente la mirada.

Con frecuencia estamos solos,
escuchamos el hilo musical
y sonríen con timidez
tratando de entablar conversación:
No nos mata el amor
sino la nostalgia.

Entonces sé que es momento
de seguir adelante y buscar
un nuevo lugar donde detenerme.
Pero las noches se agolpan
y sólo alguna tormenta veraniega
me detiene fascinado
en mitad de ninguna parte.

Cada vez necesito ir más lejos
y virar hacia carreteras secundarias,
me siento un oopart abandonado
en una dimensión paralela a la mía.
Temo algún día no estar de regreso
cuando amanezca.

(No lugar)

“El cielo y la nada” en “Librújula” + poema “Estrella errante”

El número de septiembre-octubre de la revista Librújula recomienda El cielo y la nada en su escaparate de novedades y cita un fragmento del poema “Estrella errante”, que os comparto debajo:

“El XXXII Premio Tiflos de Poesía calibra muy bien el uso de los espacios y los tiempos en el poema, en ese laberinto circular, y todo con un acertado lenguaje cinematográfico: poesía plástica, que desde una óptica culta nos enseña la sencillez de la imagen: “La brisa y el eco lejano de las bestias elevan algunos copos, / el azul metálico del gladio obtura el riego de las yemas.”.


Tiene la cintura enterrada bajo la nieve, los labios glaciales,
padece los primeros síntomas de hipotermia.

La brisa y el eco lejano de las bestias elevan algunos copos,
el azul metálico del gladio obtura el riego de las yemas.

Defenderá su posición por lealtad a Roma y al Senado,
sólo aquel que conquiste su libertad sabrá valorarla.

Su gesta será la glosa de un breve poema épico,
que el tiempo reducirá al olvido entre las cenizas de Alejandría.

El hedor, el velo húmedo y claro atrae a los predadores,
el surco errante de una estrella inquieta a los astrólogos.

En el ágora, los tribunos claman por el abandono de los dioses,
en una cabaña de adobe una joven esclava llora su ausencia.

Rememora el júbilo de las Saturnales y el fragor de la milicia,
anhela las termas y el sonido titilante del agua sobre su espalda.

Aun cuando sabe que las huestes de Escipión se baten en retirada
y las tropas de Aníbal llevan días sin probar bocado.

(Estrella errante)