Un poema para Liu Xia

Contemplada desde la distancia,
Liu Xia puede parecer una extraña ave,
un fruto exótico o un cuenco
de cerámica de alguna antigua dinastía.

Para un observador internacional,
el batir de sus brazos puede recordar
al de una victoria alada, un pétalo
de adormidera o un gerrero de arcilla.

A juicio de los campesinos
es sólo un farolillo de papel iluminado
alzándose sobre los campos de arroz,
mudo como una muñeca de porcelana.

Sin embargo, vista de frente,
Liu Xia vuela alto aunque esté enjaulada,
se comba como el bambú sin quebrarse
y su estirpe es de las que se rebelan.

(Un poema para Liu Xia)
Toni Quero


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Esta fotografía de Liu Xiaobo la tomé hace tres años en Praga, en una exposición dedicada a su mujer, Liu Xia. En aquella muestra había un vídeo conmovedor donde ambos conseguían burlar el arresto domiciliario para verse y acariciarse durante unos segundos. En la fotografía, Liu Xiaobo sostiene una muñeca con un grito ahogado. Buena parte de la muestra eran imágenes de muñecas gritando en soledad. Aquella exposición y la figura de Liu Xia, tan aparentemente frágil pero de una fortaleza inquebrantable, me causaron una profunda impresión y le dediqué este poema que hasta hoy permanecía inédito. Ayer falleció Liu Xiaobo. Descanse en paz.